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Volcán Irazú (Costa Rica): Impresionante Lago

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El Volcán Irazú es un estrato-volcán, es decir un tipo de volcán cónico, con muchas capas (estratos) de lava endurecida, tefra (fragmentos de material producidos por las erupciones), y ceniza volcánica. Este tipo de volcanes es muy común en las zonas de subducción.

El volcán Irazú se considera un volcán activo, situado dentro de un Parque Nacional, a unos 30 kilometros al norte de la ciudad de Cartago (Costa Rica), justo al este del Valle Central por donde entran los vientos alisios. Su posición es estratégica. Todas esas condiciones naturales e inalterables elevan su potencial de hacer daño, sobre todo si se suman factores humanos, como el desordenado crecimiento de las ciudades en zonas de alto impacto alrededor del volcán.

VOLCÁN IRAZÚ

El volcán Irazú se eleva a 3.432 m sobre el nivel del mar, siendo el más alto de Costa Rica. Está formado por 3 cráteres principales:

  • al noroeste, un cráter activo de unos 1.050 m de diámetro y 300 m de profundidad, que contiene un lago cuyo color de agua va de verde amarillento a verde oscuro
  • al norte, el cráter conocido como Diego de la Haya, de 1.000 m de diámetro y 80 m de profundidad
  • al sur, los restos de una vieja terraza llamada Playa Hermosa

En el siguiente vídeo se pueden observar los 3 cráteres y las impresionantes vistas del lago:

La primera erupción registrada del volcán Irazú fue en 1723. Hasta el momento se han registrado otras 20 erupciones. La erupción más importante tuvo lugar en 1963 y continuó hasta 1965. La erupción cubrió la capital San José y la mayor parte del Valle Central (provincias de San José, Cartago, Heredia y Alajuela) con toneladas de ceniza.

A pesar de que en el pasado no había tanta vigilancia de volcanes, no había tantos científicos que investigaban sus cambios y la tecnología de comunicación era muy rudimentaria, a día de hoy el volcán es uno de los más vigilados de Costa Rica. Es impredecible su próxima erupción, pero se sabe que tiene una actividad sísmica moderada, no presenta deformaciones en sus paredes y las fumarolas que se abrieron en 1994 no muestran cambios. Si su comportamiento diera señales de cambio, hoy día hay capacidad para emitir alguna alerta preventiva suficiente para evitar una gran catástrofe, aunque si hoy sucediera una erupción como la de 1963, el impacto sería devastador.

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